Os primeiros japoneses que pisaram a América foram aqueles 23 comerciantes e samurais que em 1610, sob a direção de Tanaka Shosuke, viajaram a Nova Espanha. Os mesmos acompanhavam o governador das Filipinas, Rodrigo de Vivero que, depois de naufragar no Japão, regressa a casa num barco oferecido pelo shogun. O cronista indígena Domingo de Chimalpahim descreve no seu Diário como foi este encontro intercultural:
“El jueves 16 de diciembre a las 6 de la
tarde, llegaron y entraron a la ciudad de México 19 japoneses; los conducía un
señor noble, enviado como embajador por el emperador del Japón…De los japoneses
que vinieron, unos eran ya cristianos, y otros todavía paganos, pues no estaban
bautizados. Todos ellos venían vestidos como allá se visten; es decir, con una
especie de chaleco largo y un ceñidor en la cintura, donde traían su katana de
acero que es como una espada, y con una mantilla en la cabeza; las sandalias
que calzaban eran de un cuero finamente curtido que se llama gamuza, y eran
como guantes de los pies. No se mostraban tímidos, no eran personas apacibles o
humildes, sino que tenían aspecto de águilas fieras. Traían la frente
reluciente, porque se la rasuraban hasta la mitad de la cabeza; su cabellera
comenzaba en las sienes e iba rodeando hasta la nuca. Tenían los cabellos
largos, pues se los dejaban crecer hasta el hombro, cortando sólo las puntas, y
parecían un poco como doncellas porque se cubrían la cabeza, y los cabellos no
muy largos de la nuca se los recogían atrás en una pequeña trenza; y como la
rasura les llegaba hasta la mitad de la cabeza, parecía como si trajeran
corona…No traían barbas, y sus rostros eran como de mujer, porque estaban lisos
y descoloridos…Al día siguiente fueron a saludar al virrey, mientras estuvieron
en México se les dio de comer por cuenta del rey”
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