domingo, 21 de abril de 2013

Uma fotografia da sociedade mexicana do século XVIII

No quadro da Vista da cidade do México de 1766 do Museo Nacional de Historia podemos ver uma fotografia da sociedade mexicana do século XVIII.
O pintor deixou-nos muitos detalhes interessantes sobre a vida quotidiana como a roupa, a comida, as lojas, os meios de transporte, os costumes, etc.
No seguinte linck podem ampliar o quadro e ver a cada um desses detalhes
http://www.inah.gob.mx/paseos/plazamayor/plazamayor.html

terça-feira, 16 de abril de 2013

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ EM PORTUGUÊS

ARGÚI DE INCONSEQÜENTES O GOSTO
E A CENSURA DOS HOMENS QUE NAS
MULHERES ACUSAM O QUE CAUSAM



Homens néscios que acusais
a mulher sem ter razão,
sem ver que sois a ocasião
daquilo de que as culpais:

se com ânsia sem igual
solicitais seu desdém,
por que quereis que ajam bem,
quando as incitais ao mal?

Guerreais-lhes a resistência
e logo, com gravidade,
dizeis que foi leviandade
o que fez a diligência.

Parecer quer o denodo
de vosso parecer louco
o menino que faz coco
e fica a tremer-se todo.

Quereis, com presunção néscia,
achar a que perseguis,
se para noiva, Taís,
se para amante, Lucrécia.

Que humor pode ser mais raro
que o que, falto de conselho,
ele mesmo embaça o espelho
e clama por não ver claro?

Ante o favor e o desdém
tendes condição igual:
clamar, se vos tratam mal,
zombar, se vos querem bem.

Toda opinião sua é insana;
pois a que mais se recata,
se não vos admite, é ingrata,
se vos admite, é leviana.

Sempre tão néscios andais
que, com desigual nivel,
uma culpais por cruel,
outra por fácil culpais.

Como há de estar temperada
a que vosso amor pretende,
se a que é ingrata vos ofende,
se a que é fácil vos enfada?

Mas, entre o enfado e a pena
que vosso gosto refere,
bem haja a que não vos quere
e em boa hora vos condena.

As vossas amantes penas
dão-lhes aos seus vôos alas,
e depois de ruins torná-las,
querei-las boas pequenas.

Quem culpa maior tem tido
em uma paixão errada:
a que cai porque rogada
ou o que roga de caído?

Ou qual é mais de culpar,
se ostentam a mesma chaga,
a que peca pela paga,
ou o que paga por pecar?

Por que, pois, vos espantais
das culpas em que incorreis?
Querei-as qual as fazeis
ou fazei-as qual buscais.

Deixai de solicitar,
e depois, com mais razão,
acusareis a afeição
da que vos for suplicar.

Ah, com muitas armas fundo
que lida vossa arrogância,
pois em promessa e em instância
juntais diabo, carne e mundo.

(Sor Juana Inés de la Cruz)

 
Para ver esta poesia e outras em espanhol e português consultar:
http://www.antoniomiranda.com.br/iberoamerica/mexico/sor_juana_cruz.html 
 

segunda-feira, 8 de abril de 2013

O encontro entre Cortés e Moctezuma II



“Luego otro día de mañana partimos de Estapalapa, muy acompañados de aquellos grandes caciques que atrás he dicho; íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, y va tan derecha a la ciudad de México, que me parece que no se torcía poco ni mucho, y puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas gentes que no cabían, unos que entraban en México y otros que salían, y los indios que nos venían a ver, que no nos podíamos rodear de tantos como vinieron, porque estaban llenas las torres y cúes y en las canoas y de todas partes de la laguna, y no era cosa de maravillar, porque jamás habían visto caballos ni hombres como nosotros. Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchas puentes de trecho a trecho, y por delante estaba la gran ciudad de México; y nosotros aún no llegábamos a cuatrocientos soldados, y vinieron muchos principales y caciques con muy ricas mantas sobre sí, con galanía de libreas diferenciadas las de los unos caciques de los otros, y las calzadas llenas de ellos, y aquellos grandes caciques enviaba el gran Montezuma adelante a recibirnos, y así como llegaban ante Cortés decían en su lengua que fuésemos bien venidos, y en señal de paz tocaban con la mano en el suelo y besaban la tierra con la misma mano. Asi que estuvimos parados un buen rato, y desde allí se adelantaron Cacamatzin, señor de Tezcuco, y el señor de lztapalapa, y el señor de Tacuba, y el señor de Cuyuacán a encontrarse con el gran Montezuma, que venía cerca, en ricas andas, acompañado de otros grandes señores y caciques que tenían vasallos.

Ya que llegábamos cerca de México, adonde estaban otras torrecillas, se apeó el gran Montezuma de las andas, y traíanle de brazo aquellos grandes caciques, debajo de un palio muy riquísimo a maravilla y el color de plumas verdes con grandes labores de oro, con mucha argentería y perlas y piedras chalchihuis, que colgaban de unas como bordaduras, que hubo mucho que mirar en ello. Y el gran Montezuma venía muy ricamente ataviado, según su usanza, y traía calzados unos como cotaras, que así se dice lo que se calzan; las suelas de oro y muy preciada pedrería por encima en ellas; y los cuatro señores que le traían de brazo venían con rica manera de vestidos a su usanza, que parece ser se los tenían aparejados en el camino para entrar con su señor, que no traían los vestidos con los que nos fueron a recibir, y venían, sin aquellos cuatro señores, otros cuatro grandes caciques que traían el palio sobre sus cabezas, y otros muchos señores que venían delante del gran Montezuma, barriendo el suelo por donde había de pisar, y le ponían mantas porque no pisase la tierra. Todos estos señores ni por pensamiento le miraban en la cara, sino los ojos bajos y con mucho acato, excepto aquellos cuatro deudos y sobrinos suyos que lo llevaban de brazo. Y como Cortés vió y entendió y le dijeron que venía el gran Montezuma, se apeó del caballo, y desde que llegó cerca de Montezuma, a una se hicieron grandes acatos. El Montezuma le dió el bienvenido, y nuestro Cortés le respondió con doña Marina que él fuese el muy bien estado; y paréceme que Cortés, con la lengua doña Marina, que iba junto a Cortés, le daba la mano derecha, y Montezuma no la quiso y se la dió a Cortés. Y entonces sacó Cortés un collar que traía muy a mano de unas piedras de vidrio, que ya he dicho que se dicen margaritas, que tienen dentro de sí muchas labores y diversidad de colores y venía ensartado en unos cordones de oro con almizque porque diesen buen olor, y se le echó al cuello el gran Montezuma, y cuando se le puso le iba (a) abrazar, y aquellos grandes señores que iban con Montezuma le tuvieron el brazo a Cortés que no le abrazase, porque lo tenían por menosprecio.
Y luego Cortés con la lengua doña Marina le dijo que holgaba ahora su corazón en haber visto un tan gran príncipe, y que le tenía en gran merced la venida de su persona a recibirle y las mercedes que le hace a la contina. Entonces Montezuma le dijo otras palabras de buen comedimiento, y mandó a dos de sus sobrinos de los que le traían de brazo. que era el señor de Tezcuco y el señor de Cuyuacán, que se fuesen con nosotros hasta aposentarnos. y fue Mntezuma con los otros dos sus parientes, Cuedlavaca y el señor de Tacuba, que le acompañaban, se volvió a la ciudad, y también se volvieron con él todas aquellas grandes compañías de caciques y principales que le habían venido a acompañar; y cuando se volvían con su señor estábamoslos mirando cómo iban todos los ojos puestos en tierra, sin mirarle, y muy arrimados a la pared, y con gran acato le acompañaban; y así tuvimos lugar nosotros de entrar por las calles de México sin tener tanto embarazo”.
(Bernal Díaz del Castillo, Verdadera historia de la conquista de México)


Livro de leitura obrigatória: MÉXICO BÁRBARO de John Kenneth Turner. Ler os capítulos 1 a 5 (pg. 1-47)

http://memoriapoliticademexico.org/Textos/6Revolucion/1910vmb.pdf

quinta-feira, 4 de abril de 2013

Os idolos astecas



“Los bulos y cuerpos de los ídolos en quien estas gentes creen, son de muy mayores estaturas que el cuerpo de un gran hombre. Son hechos de masa de todas las semillas y legumbres que ellos comen, molidas y mez­cladas unas con otras, y amásanlas con sangre de corazones de cuerpos humanos, los cuales abren por los pechos, vivos, y les sacan el corazón, y de aquella sangré que sale de él, amasan aquella harina, y así hacen tanta cantidad cuanta basta para hacer aquellas estatuas grandes.
Y también, después de hechas, les ofrecían más corazones, que asimismo les sacrifi­caban, y les untaban las caras con la sangre. Y a cada cosa tienen su ídolo dedicado, al uso de los gentiles, que antiguamente honraban a sus dioses. Por manera que para pedir favor para la guerra tienen un ídolo, y para sus labranzas otro, y así para cada cosa ele las que ellos quieren o desean que se haga bien, tienen sus ídolos a quien honran y sirven” Hernán Cortés.

Descrição de Tenochtitlán de Hernán Cortés



“Al día siguiente de mi llegada a la ciudad de Iztapalapa, decidí partir, y después de haber caminado una media legua, entré en una amplia calle que atraviesa la laguna hasta llegar a la gran ciudad de Temixtitán (Tenochtitlán), que está fundada en el centro exacto de este lago; la avenida era tan ancha que hubiéramos podido transitarla con ocho caballos puestos uno al lado del otro…
Continuamos por esta calle, la cual, a una media legua de la entrada a la ciudad de Temixtitlán, se une con otra vía que la conecta con la tierra firme, y justo ahí hay un castillo de doble torre, una alta muralla y dos puertas principales, una para entrar y otra para salir. A poca distancia hay un puente de madera de unos diez pasos de anchura… una vez que lo atravesamos fue a recibirnos el Señor Moctezuma con otros doscientos señores…

Esta gran ciudad de Temixtitán está fundada en el centro de este lago, y de la tierra firme hasta ella hay dos leguas de cualquier punto del que se quiera entrar. Hay cuatro entradas principales, a las que se llega por medio de amplias calles, iguales a las que describí anteriormente. La ciudad es tan grande como Sevilla y Córdoba juntas. Sus vías principales son muy anchas y derechas, y algunas tienen canales paralelos donde transitan muchísimas canoas. Tiene muchas plazas donde hay un mercado activo y gente que quiere vender y comprar. Hay también una plaza tan grande como la ciudad de Salamanca entera, en Castilla, toda rodeada de portales donde cotidianamente concurren alrededor de sesenta mil personas para comprar y vender"
(Hernán Cortés, Segunda carta de relación a Carlos V)

quarta-feira, 3 de abril de 2013

Os mercados (tianguis) através dos olhos de Bernal Díaz del Castillo e Hernán Cortés.



“Fuimos al Tatelulco. Iban muchos caciques que Montezuma envió para que nos acompañasen; y desde que llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían. Y los prtncipales que iban con nosotros nos lo iban mostrando; cada género de mercaderías estaba por sí, y tenían situados y señalados sus asientos. Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas y plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías de indios esclavos y esclavas; digo que traían tantos de ellos a vender (a) aquella gran plaza como traen los portugueses los negros de Guinea, y traíanlos atados en unas varas largas con colleras a los pescuezos, porque no se les huyesen, y otros dejaban sueltos. Luego estaban otros mercaderes que vendían ropa más basta y algodón y cosas de hilo torcido, y cacahuateros que vendían cacao, y de esta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la Nueva España, puesto por su concierto de la manera que hay en mi tierra, que es Medina del Campo, donde se hacen las ferias, que en cada calle están sus mercaderías por sí; así estaban en esta gran plaza, y los que vendían mantas de henequén y sogas y cotaras, que son los zapatos que calzan y hacen del mismo árbol, y raíces muy dulces cocidas, y otras rebusterías, que sacan del mismo árbol, todo estaba en una parte de la plaza en su lugar señalado; y cueros de tigres, de leones y de nutrias, y de adives y de venados y de otras alimañas, tejones y gatos monteses, de ellos adobados, y otros sin adobar, estaban en otra parte, y otros géneros de cosas y de mercaderías.
Pasemos adelante y digamos de los que vendían frijoles y chía y otras legumbres y yerbas a otra parte. Vamos a los que vendían gallinas, gallos de papada, conejos, liebres, venados y anadones, perrillos y otras cosas de este arte, a su parte de la plaza. Digamos de las fruteras, de las que vendían cosas cocidas, mazamorreras y malcocinado, también a su parte. Pues todo género de loza, hecha de mil maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chicos, que estaban por sí aparte: y también los que vendían miel y melcochas y otras golosinas que hacían como nuégados. Pues los que vendían madera, tablas, cunas y vigas y tajos y bancos, todo por sí. Vamos a los que vendían leña, ocote, y otras cosas de esta manera. Qué quieren más que diga que, hablando con acato, también vendían muchas canoas llenas de yenda de hombres, que tenían en los esteros cerca de la plaza, y esto era para hacer salo para curtir cueros, que sin ella dicen que no se hacía buena. Bien tengo entendido que algunos señores se reirán de esto; pues digo que es así; y más digo que tenían por costumbres que en todos los caminos tenían hechos de cañas o pajas o yerba, porque no lo viesen los que pasan por ellos; allí se metían si tenían ganas de purgar los vientres, porque no se les perdiese aquella suciedad. Para qué gasto yo tantas palabras de lo que vendían en aquella gran plaza, porque es para no acabar tan presto de contar por menudo todas las cosas, sino que papel, que en esta tierra llaman amal, y unos cañutos de olores con liquiámbar, llenos de tabaco y otros ungüentos amarillos y cosas de este arte vendían por sí; y vendían mucha grana debajo los portales que estaban en aquella gran plaza. Había muchos herbolarios y mercaderías de otra manera; y tenían allí sus casas, adonde juzgaban, tres jueces y otros como alguaciles ejecutores que miraban las mercaderías. Olvidado se me había la sal y los que hacían navajas de pedernal, y de cómo las sacaban de la misma piedra. Pues pescadores y otros que vendían unos panecillos que hacen de una como lama que cogen de aquella gran laguna, que se cuaja y hacen panes de ello que tienen un sabor a manera de queso: y vendian hachas de latón y cobre y estaño, y jícaras y unos jarros muy pintados, de madera hechos.
Ya quema haber acabado de decir todas las cosas que allí se vendían, porque eran tantas de diversas calidades, que para que lo acabáramos de ver e inquirir, que como la gran plaza estaba llena de tanta gente y toda cercada de portales, en dos días no se viera todo. Y fuimos al gran cú, y ya que íbamos cerca de sus grandes patios, y antes de salir de la misma plaza estaban otros muchos mercaderes, que, según dijeron, eran de los que traían a vender oro en granos como lo sacan de las minas, metido el oro en unos canutillos delgados de los de ansarones de la tierra, y así blancos porque se pareciese el oro por de fuera; y por el largor y gordor de los canutillos tenían entre ellos su cuenta qué tantas mantas o qué xiquipiles de cacao valía, o qué esclavos u otra cualesquiera cosas a que lo trocaban.
[…]
Y después de bien mirado y considerado todo lo que habíamos visto, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de gente que en ella había, unos comprando y otros vendiendo, que solamente el rumor y zumbido de las voces y palabras que allí había sonaba más que de una legua, y entre nosotros hubo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, y en Constantinopla, y en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada y con tanto concierto y tamaño y llena de tanta gente no la habían visto”. Bernal Díaz del Castillo, História Verdadeira da Conquista da Nova Espanha.



"Tiene esta ciudad muchas plazas, donde hay continuo mercado y trato de comprar y venden. Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil ánimas comprando y vendiendo; donde hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan, así de mantenimientos como de vituallas, joyas ole oro y de plata, de plomo, de latón, de cobre, de estaño, de piedras, de huesos, de conchas, ole caracoles y de plumas. Véndese cal, piedra labrada y por labrar, adobes, ladrillos, madera labrada y por labrar de diversas maneras. Hay calle de caza donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así como gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, pajaritos en cañuela, papagayos, búharos, águilas, halcones, gavilanes y cernícalos; y de algunas de estas aves de rapiña, venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas.
Venden conejos, liebres, venados, y perros pequeños que crían para comer, castrados. Hay calle de herbolarios, donde hay todas las raíces y hierbas medicinales que en la tierra se hallan. Hay casa como de boticarios donde se venden las medicinas hechas, así potables como ungüentos y emplastos. Hay casas como de barberos, donde lavan y rapan las cabezas. Hay casas donde dan de comer y beber por precio. Hay hombres como los que llaman en Castilla ganapanes, para traer cargas.
Hay mucha leña, carbón, braseros de barro y esteras de muchas maneras para camas, y a otras más delgadas para asiento y esterar salas y cámaras. Hay todas las maneras de verduras que se haIlan, especialmente cebollas, puerros, ajos, mastuerzo, berros, borra­jas, acederas y cardos y tagarninas. Hay frutas de muchas maneras, en que hay cerezas, y ciruelas, que son semejables a las de España. Venden miel de abejas y cera y miel ole cañas de maíz, que son tan melosas y dulces corno las del azúcar, y miel de unas plantas que lla­man en las otras islas maguey, que es muy mejor que arrope, y de estas plantas hacen azúcar y vino, que asimismo venden. 1lay a vender muchas maneras de hilados de algodón de todas colores, en sus madejicas, que parece propiamente alcaicería de Granada en las sedas, aunque esto otro es en mucha más cantidad.
Venden colores para pintores, cuantos se pueden hallar en España, y de tan excelentes matices cuanto pueden ser. Venden cueros de venado con cuero y sin 61: teñidos, blancos y de diversas colores. Venden mucha loza en gran manera muy buena, venden muchas vasijas de tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más, vidriadas y pintadas.
Venden mucho maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, a todo lo de las otras islas y tierra firme. Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevo de gallinas y de ánsares, y de todas las otras aves que he dicho en gran cantidad; venden tortillas de huevos hechas.
Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra, que de más de las que he dicho, son tantas y de tantas calidades, que por la prolijidad y por no me ocurrir tantas a la memoria, y aún por no saber poner los nom­bres, no las expreso. Cada género de mercaduría se vende en su calle, sin que entremetan otra mercaduría ninguna, y en esto tienen mucha orden. "lodo se vende por cuenta y medida, excepto que hasta ahora no se ha visto vender cosa alguna por peso.
Hay en esta gran plaza una gran casa como de audiencia, donde están siempre sentadas diez o doce personas, que son jueces y libran todos los casos y cosas que en el dicho mercado acaecen, y mandan castigar los delincuentes. Hay en la dicha plaza otras personas que andan continuo entre la gente, mirando lo que se vende y las medi­das con que miden lo que venden; y se ha visto quebrar alguna que estaba falsa” Hernán Cortés, 1522.